Paradoja en la Argentina: Aún es Alta la Desocupación pero las Empresas no Consiguen Empleados
Buenos Aires, marzo 29 (NA) — La crisis económica, social y educativa padecida por la Argentina provocó una paradoja que afecta al sistema productivo, ya que mientras el desempleo continúa en niveles elevados del 10,1 por ciento, las empresas se quejan porque no consiguen personal adecuado.
Según un estudio de la Sociedad de Estudios Laborales (SEL), “a pesar de que aún hay 1.500.000 desocupados (sin contar los planes sociales), las empresas tienen dificultades crecientes para cubrir sus vacantes”.
De este análisis surge que “la gran mayoría de los desocupados con experiencia laboral proviene de ocupaciones de baja calificación”.
“Más de un quinto de los desempleados no tiene ninguna experiencia o estuvo fuera del mercado más de cuatro años, su educación promedio es de diez años, y en el 85 por ciento de los casos duraron menos de un año en su último trabajo”, detalló el informe.
Por otro lado, en paralelo con el aumento de la utilización de la capacidad física instalada, ese año bajó la reserva involuntaria de mano de obra.
Así, el desempleo ajustado por planes sociales disminuyó del 26,6 por ciento a comienzos de 2003, al 12,7 en el último trimestre de 2005.
Sin embargo, según este estudio, lo más importante es que “los desocupados con origen en el sector formal que perdieron el empleo durante la crisis volvieron al trabajo”.
Desde el comienzo de la recuperación, el número de asalariados privados registrados creció en 1.200.000, pero sólo en 2005, el incremento fue de 450 mil.
En una proporción significativa esas ocupaciones no son demandadas por las empresas -aún informales- sino por hogares particulares, lo que las hace muy dependientes de la variabilidad de los ingresos de estos últimos.
Así, “el desajuste entre la oferta y la demanda de calificaciones consolida la segmentación del mercado de trabajo”, sostuvo el estudio.
En cuanto a si las demandas salariales son consistentes con la estabilización de la inflación, el informe destacó que “la ronda de negociaciones de 2006 está condicionada por la necesidad de evitar presiones inflacionarias adicionales”.
Sin embargo, señaló que también está condicionada “por el objetivo de mantener un curso de recuperación de los ingresos del trabajo”.
“El énfasis en uno u otro depende del interlocutor, con el Gobierno moviéndose en un equilibrio inestable y lanzando señales que a veces son contradictorias, pero también depende de cuál sea el período de referencia”, explicó el informe.
Así, señaló que en 2005 mientras el salario real declarado promedio del sector privado creció 11 por ciento, la recuperación fue 20 puntos detrás del crecimiento del PIB desde fines de 2001.
Esta disparidad disminuye a seis puntos si lo que se mide es la masa salarial, por el efecto del aumento del empleo.
“La pregunta es si los sindicatos aceptarán esta última como indicador de la negociación”, cuestionó la SEL.
Por otra parte, el informe destacó que como efecto de la política de ingresos se produjo un achatamiento de la pirámide salarial.
Desde julio de 2002, y hasta enero de 2005, se sucedieron seis aumentos de suma fija, por un monto total de 730 pesos, pero por tratarse de sumas fijas, estos aumentos beneficiaron proporcionalmente más a los trabajadores de las categorías más bajas.
“Aunque al incorporarse al salario básico, en muchos casos se acordaron ajustes para las categorías más altas, el resultado neto ha sido un achatamiento de la pirámide salarial”, señaló SEL.
En este sentido, el informe destacó que “esta situación no ha sido resuelta hasta ahora por la negociación colectiva, ya que en la industria manufacturera la brecha de la evolución entre el índice de salario obrero y los salarios medios declarados del sector es de 28 por ciento”.
De este análisis surge que “la gran mayoría de los desocupados con experiencia laboral proviene de ocupaciones de baja calificación”.
“Más de un quinto de los desempleados no tiene ninguna experiencia o estuvo fuera del mercado más de cuatro años, su educación promedio es de diez años, y en el 85 por ciento de los casos duraron menos de un año en su último trabajo”, detalló el informe.
Por otro lado, en paralelo con el aumento de la utilización de la capacidad física instalada, ese año bajó la reserva involuntaria de mano de obra.
Así, el desempleo ajustado por planes sociales disminuyó del 26,6 por ciento a comienzos de 2003, al 12,7 en el último trimestre de 2005.
Sin embargo, según este estudio, lo más importante es que “los desocupados con origen en el sector formal que perdieron el empleo durante la crisis volvieron al trabajo”.
Desde el comienzo de la recuperación, el número de asalariados privados registrados creció en 1.200.000, pero sólo en 2005, el incremento fue de 450 mil.
En una proporción significativa esas ocupaciones no son demandadas por las empresas -aún informales- sino por hogares particulares, lo que las hace muy dependientes de la variabilidad de los ingresos de estos últimos.
Así, “el desajuste entre la oferta y la demanda de calificaciones consolida la segmentación del mercado de trabajo”, sostuvo el estudio.
En cuanto a si las demandas salariales son consistentes con la estabilización de la inflación, el informe destacó que “la ronda de negociaciones de 2006 está condicionada por la necesidad de evitar presiones inflacionarias adicionales”.
Sin embargo, señaló que también está condicionada “por el objetivo de mantener un curso de recuperación de los ingresos del trabajo”.
“El énfasis en uno u otro depende del interlocutor, con el Gobierno moviéndose en un equilibrio inestable y lanzando señales que a veces son contradictorias, pero también depende de cuál sea el período de referencia”, explicó el informe.
Así, señaló que en 2005 mientras el salario real declarado promedio del sector privado creció 11 por ciento, la recuperación fue 20 puntos detrás del crecimiento del PIB desde fines de 2001.
Esta disparidad disminuye a seis puntos si lo que se mide es la masa salarial, por el efecto del aumento del empleo.
“La pregunta es si los sindicatos aceptarán esta última como indicador de la negociación”, cuestionó la SEL.
Por otra parte, el informe destacó que como efecto de la política de ingresos se produjo un achatamiento de la pirámide salarial.
Desde julio de 2002, y hasta enero de 2005, se sucedieron seis aumentos de suma fija, por un monto total de 730 pesos, pero por tratarse de sumas fijas, estos aumentos beneficiaron proporcionalmente más a los trabajadores de las categorías más bajas.
“Aunque al incorporarse al salario básico, en muchos casos se acordaron ajustes para las categorías más altas, el resultado neto ha sido un achatamiento de la pirámide salarial”, señaló SEL.
En este sentido, el informe destacó que “esta situación no ha sido resuelta hasta ahora por la negociación colectiva, ya que en la industria manufacturera la brecha de la evolución entre el índice de salario obrero y los salarios medios declarados del sector es de 28 por ciento”.